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Cafetania

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Cafetania

Cafetania.

NOVELA

Samuel Ruiz Luján.

 

La novelade Ruiz Luján puede considerarse la historia de una auténtica sociedad cooperativa. No es propiamente la narración de hechos jurídicos o puramente económicos que configuran la sociedad en su verdadera estructura. Es un análisis socio-económico de la manera como en determinados grupos humanos las cosas buenas y los sistemas de bien común tienen que abrirse camino en un mar de sangre, sudores y pesares.

Los hechos que se narran en la novela son de la frecuente historia de las aldeas y pequeños pueblos y villorios de Colombia y América entera. Ya en los centros más adelantados, adonde han llegado la carretera, el cine y la televisión, se usan otros métodos más refinados quizá, Pero igualmente perversos.

En los dirigentes de estas pequeñas comunidades —a lo menos en la mayoría— la conformidad o la indiferencia a un estado de cosas que constituyen ya una manera de ser en todos, es la manera más fácil de vivir en Paz y evitarse problemas. Muchas veces las tradiciones son tantas y tan de viejos tiempos y las ejercen personas que en apariencia son buenas, que muchos —si es que no todos— consideran esa sociedad de permanente injusticia como algo normal, -que es irreverente o Por lo menos peligroso tratar de modificar.

No son pocos los casos en que el campesino considera como un gran favor del gamonal de su pueblo que le compre sus productos a precios irrisorios, Porque está seguro de que, de otro modo, no obtendría nada y le sería mejor no trabajar y morirse de hambre.

Es así -como el afán de lucro se va convirtiendo en una , especie de falsa virtud, que capacita al usurero para Patrocinar obras de beneficio común, dar pingues limosnas al cura, contribuir a la celebración fastuosa de las fiestas patronales, ayudar a algunos enfermos y ser padrino en los bautizos, confirmaciones, primeras comuniones y matrimonios.

Pero en el fondo mismo de la aldea, en su cabecera, en las haciendas cercanas y todavía más en lo alto de las montañas, los niños mueren al nacer, otros en muy pocos días y los que subsisten caen en la desnutrición. No pueden ir a las escuelas, o porque no existen, o Porque tienen que ayudar al padre a producir algo que el usurero delpueblo paga a lo sumo en un veinte por ciento de su justo valor.

No hay hospitales, ni médicos, ni drogas, ni tampoco quien ayude a los hombres, mujeres y niños en caso de enfermedad, calamidad o desgracia. Las casas tienen piso de tierra, techo de paja, muros de cartón o lata y algunas pocas de madera brusca como la guadua. Las camas son hechas con varas de cualquier madera, y los colchones, de las hojas de los árboles sin ningún forro. Los cerdos y otros animales también están bajo el techo. Muchas veces en una sola cama los padres Procrean en presencia de sus hijos y en la edad de la pubertad.

El agua queda a distancia, la luz es la del brasero. No hay abrigo para el frío ni tampoco fresco para el calor. Un ambiente de esta naturaleza embrutece y relaja indefectiblemente los resortes de la moral. Es así como la religión se convierte en un simple refugio contra el temor al futuro y a las cosas desconocidas. Temor a los hombres del pueblo a quienes siempre miran de soslayo y con un fingido ademán de reverencia.

Es, pues, explicable que, cuando alguien se revela contra tanta miseria, injusticia, aberraciones e infamias, los gamonales del pueblo sienten que se los hiere y lastima en lo más hondo de su ser, y que quien así procede contra ellos, es hijo de Satanás, heredero legítimo del demonio. Pero hoy existe otro calificativo más efectivo: comunista. Y es tal la furia del sentimiento y el temor de perderlo todo que, siendo practicantes de la religión y respetuosos del sacerdote, al que les dice la verdad le niegan el descanso, la Primicia, el diezmo y la limosna y lo ponen en el camino de la ruina y la soledad. Según ellos, es el sacerdote el que se ha equivocado, el que tiene tacto con el demonio, el que no es fiel a Cristo. Ellos encarnan la verdad, la justicia y la razón, y por eso, ese tipo de cura es un renegado, un falso ministro a quien a toda costa hay que sacar del medio.

El padre Agapito de la novela de Ruiz Luján es la encarnación de aquellos abnegados y contados sacerdotes que se enfrentan con valor a la injusticia, la miseria y la corrupción. Saben muy bien que van a ser calumniados y perseguidos; pero saben así mismo que Cristo está con ellos y que, más tarde o más temprano, recompensará sus constantes sacrificios y prolongadas humillaciones.

La trama con tanta crudeza y realismo narrada por Ruiz Luján puede parecer a veces inverosímil. Pero quienes hemos conocido de cerca la conducta diaria de las agrupaciones y comarcas campesinas, entrando también en los centros que los gobiernan, sabemos muy bien que esos hechos son posibles y aun verdaderos y que muchas veces se han sucedido y se suceden en forma más tremenda y aberrante. El padre Agapito es un hombre fuerte, denodado de arrestos que no cede ante nadie ni ante nada. Es el héroe desconocido en la soledad de ¡os campos.

Pues bien; de ésos tenemos muchos en toda la extensión desolada de América latina. Muchas veces tienen la misma censura de sus propios superiores, que están entregados a las pequeñas oligarquías, que son instrumentos de los políticos, o tan ingenuos que no alcanzan a comprender que cuánto les dice el cura campesino es una auténtica realidad. El gran mérito del padre Agapito son su tenacidad 'y su celo apostólico. No se ¡imita a condenar los abusos desde el Púlpito o censurarlos en la sacristía y en el confesionario. Son los que organizan esa plebe, y le dan conciencia de su valor, que al Principio es Prácticamente nulo, pero que, a fuerza de dar golpes sobre la roca, enciende la chispa y es la luz.

Muchos creen que esa masa inerte, inculta y aun gro- ;sera, no sirve para nada, ni siquiera para carne de cañón. Pero los que eso creen, ignoran que en todo hombre palpita un aliento divino y que sólo hace falta descubrirlo y ponerlo en acción para que del más humilde ser humano surja la energía suficiente para los más grandes movimientos que han trasformado a la sociedad a través de los siglos. Lo que falta es el organizador, el descubridor que con paciencia, sabiduría y comprensión canalice toda esa fuerza oculta hacia el bien, que por cierto es más difícil hacerlo para esto que Para çi mal.

No, podemos admitir, que en los Andes sea más fácil formar una guerrilla que fundar una cooperativa. El jefe de la guerrilla sólo necesita armas, comida y promesa de los botines que resultan de los asaltos a mansalva. El promotor de la cooperativa no puede ofrecer nada de eso. Únicamente un sacrificio inmediato para un beneficio futuro. Una colaboración desinteresada para un futuro que satisfaga toco a poco un mínimo de necesidades ,y conduzcan a. una vida digna, de un nivel decoroso. Los padres Agapitos son los precursores y autores de esta misión. Poco a poco la paciencia hace surtir el pequeño manantial que, al convertirse en un río, asegura la libertad y la dignidad del hombre.

El cooperativismo es la revolución pacífica del pueblo, no de funcionarios. Por eso necesita del valor, la constancia y el apostolado de los padres Agapitos. En América latina la reforma agraria está fracasando, en unos casos, y en otros está bastante retardada, porque la están haciendo los burócratas y los políticos. Si queremos sacarla adelante, tenemos que hacer de cada funcionario un padre Agapito. Porque el padre Agapito no es sólo un místico, un romántico, un soñador; es también, y quizás en grado mayor, un hombre práctico, de malicia constructiva, de capacidad administrativa, entendido en negocios.

Para vencer al comercio de lucro es necesario dominar la técnica de esta actividad. Luchar con las mismas armas, pero noblemente. Por eso en la cooperativa no se puede divorciar el aspecto de asociación del de empresa. El padre Agapito organizó primero la comunidad y después la empresa. Contó con su capacidad ejecutiva, pero más con la de que logró descubrir en lo mejor de sus compañeros y colaboradores.

En esta forma aseguró la asociación y la empresa hasta que, poco a poco, fuerzas reaccionarias o, por lo menos, indiferentes le dieron apoyo, tímidamente al Principio, pero decididamente al final. Hace alusión el novelista a la magnífica labor que en Colombia desarrolla la Federación Nacional de Cafeteros, a lo menos desde cuando se decidió por las Cooperativas de Caficullores. Ella se ha compenetrado del estado de ignominia de los pequeños caficultores y ha tratado de destruir al fondero, al intermediario y al trillador. Pero, para que su obra sea perfecta, ¡as cooperativas deben serlo dentro de un equilibrio perfecto entre la asociación y la empresa.

Se refiere también el autor a la buena voluntad de algunas personas que por temor nunca protestaron contara la trinca. De verdad que su acción de 'última hora es interesante. Pero quizás han llegado con oportunismo a la hora del reparto, del triunfo y de la premiación. Conozco al autor, Samuel Ruiz Luján, desde hace muchos años. He tenido ocasión de analizarlo en muchos de los aspectos de su recia personalidad, aunque no puedo —lo confieso— Precisar lo auténtico y sorprendente de su valor humano. Cada vez me confunde mas. Es lo que pudiéramos llamar un quijote de la justicia social.

En la lucha contra la injusticia, la pobreza, la miseria y la explotación del hombre por el hombre, son muchos los que perecen a manos de la impaciencia, como el padre Camilo Torres. Realmente lo que más subleva a la buena intención de un hombre que se convierte en paladin de la justicia social, es darse cuenta de que en su limitada vida no será posible triunfar. No 'se resigna a q'ue lo' hagan otros más tarde. Quienes no tienen la paciencia de esperar, consideran que es más rápida la vía' de. 'la violencia y por eso se entregan a ella, pero ésta de inmediato, los devora sin la menor piedad..

Muchas veces he considerado que a, Ruiz Luján pueda acabársele la paciencia y haya de deslizarse hacia otros Procedimientos de lucha. Pero no, y Por fortuna.. Jamás pierde la calma y, con su habitual buen humor, acepta las cosas como realmente son; corno' producto social. Un gran defecto de nuestros cruzados de renovación o cambios fundamentales en la estructura de la sociedad es que dominan muy bien los aspectos' de - todo orden y que .configuran la problemática del conflicto y dan a toda ella soluciones muy acertadas en la teoría. No obstante, en- la práctica fracasan en forma alarmante.

Los cálculos les fallan lamentablemente. Ruiz Luján no es de ésos. Cuando él domina el problema y se asegura de la solución, -la acomete sin desmayos y con una verdadera tenacidad. No de otro modo hubiera podido crear a su- gran; personaje, el padre Agapito. Por razones de su profesión de economista y sociólogo rural, a Ruiz Luján le tocó actuar en Colombia en una de las épocas más amargas de su historia, aquella en que la violencia segó tantas vidas de inocentes, incluso' mujeres y niños.

Porque así convenía al odio político o al cacique de -turno Muchas fueron las escenas de pavor que Ruiz Luján presenció y que nos contará en otra novela. Pero lo que nos dice en la que tengo el honor de presentar al público, especialmente- a los cooperadores d América, corresponde con exactitud al ambiente trágico de una región colombiana que fue ci teatro de los acontecimientos. Desde hace más de- treinta años Ruiz Luján viene trabajando por la cooperación y lo hace con optimismo. Ha concebido proyectos que no tenían Por qué fracasar, si es que el hombre puede y debe ser justo. Pero no. De inmediato aparece el interés creado, que sin piedad promulga el anatema; el ánimo de lucro que se defienden con fuerzas infernales, el afán de riqueza que llega a los Peores extremos. 

Pero el esfuerzo no ha sido vano. Le ha quedad mucho y hoy constituye la semilla que empieza o dar sus buenos frutos. Lo expresa 'muy bien en la narración- de los hechos de la novela. Considero, por todo esto y con justificada razón, que es una iniciativa muy feliz la de Samuel Ruiz Luján: darnos en forma de novela una nueva manera de difundir y practicar la COOPERACIÓN. Muchos libros se han. escrito en forma didáctica, de exposición y de análisis. A gunos de ellos muy sabios y profundos. Pero todos al fin áridos para el común de las gentes.

Sería un acontecimiento sin precedentes que el ejemplo de Ruiz Luján fuera seguido con verdadera consagración y que muchos líderes de todos los países de América escribieran novelas de argumento esencialmente cooperativo. En las novelas se encuentra la razón de ser de muchos problemas socio-económicos de América Latina. El mundo es ancho y ajeno.

La Vorágine, Doña Bárbara, El Cristo de Espaldas son documentos tremendos de una sociedad injusta y de una época de redomada hipocresía. Una novela como la de Ciro Alegría es, sin duda alguna, el -mejor documento que se ha escrito Para justificar la reforma agraria de nuestros países. Los personajes son el grito y la angustia del hombre, el cual sin darse Por vencido, no recibe ayuda, y muere con la amargura en los labios, a veces saturada de rencor, pero no vencido en su espíritu indomable de inca.

La novela, al no estar comprometida con la historia, expone con mayor libertad una situación dada y representa los hechos en toda su desnudez. Por eso los fustiga con la severidad del apóstol que, para bien de la justicia, no ve inclina ante nadie. La novela vive la angustia del hombre y crea Personajes que encarnan una época, una situaçión, una dominación que muchas veces, de otro modo, , no si podría dar a conocer.

Francisco Luis Jiménez.

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Autor: Super User

Bases de participación Concurso de Monografía

Concurso monográfico 60 aniversario de InterCoop

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Con el objeto de promover la investigación y la producción de nuevos conocimientos que contribuyan a la construcción de cultura cooperativa y, a su vez, con el propósito de fortalecer vínculos entre el ámbito académico y cooperativo, Editorial InterCoop abre la presente convocatoria de su certamen de monografías sobre: figuras emblemáticas del cooperativismo argentino.

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